Blog · Respira para Ser
Mindfulness evaluado durante dos cursos en un aula real
Septiembre de 2025. Un aula del IES Pérez Comendador, en Plasencia. Reparto unos cuestionarios que la mayoría del alumnado mira con la misma cara que pondrían ante un examen sorpresa. No es un examen. Son instrumentos usados para observar distintas dimensiones de la experiencia antes y después del programa. Algunos resoplan. Otros preguntan si esto puntúa. Les digo que no puntúa para ellos: nos ayuda a observar posibles cambios sin dar por supuesto que se deban al programa.
Ocho meses después, en mayo de 2026, volvimos a repartir esos mismos cuestionarios. Y esa distancia entre septiembre y mayo es, para mí, el corazón de todo lo que quiero contarte aquí.
Por qué me cansé del mindfulness que solo se siente
Mi experiencia docente se ha desarrollado como profesora de música en secundaria, en la enseñanza pública de Extremadura. Con el tiempo he incorporado, primero de forma intuitiva y después con formación específica, prácticas de atención y gestión emocional en mis clases.
Recibí formación como instructora de MBSR en el Instituto esMindfulness. No lo digo para colgarme una medalla, sino porque esa formación me dejó una exigencia incómoda: la de no conformarme con que algo parezca que funciona.
Y aquí está mi pequeña espina con buena parte de lo que hoy se llama mindfulness. Se vende por sensaciones. Por una música de fondo, una voz suave y la promesa difusa de calma. Yo no dudo de que esas experiencias existan y sean valiosas. Dudo de que nos baste con sentirlas para afirmar que están cambiando algo. Sentirse bien un rato y sostener un cambio real no son lo mismo.
Qué es exactamente el proyecto Centro Mindfulness
Desde hace dos cursos coordino el proyecto «Centro Mindfulness» en el IES Pérez Comendador. No es un taller suelto ni una moda pasajera de un trimestre. Es un programa estable de innovación educativa, sostenido durante los cursos 2024-25 y 2025-26, con sesiones mensuales para alumnado y profesorado y quincenales para las familias.
Es decir: no trabajo solo con adolescentes cautivos en un aula. Trabajo también con los adultos que los rodean, que son quienes sostienen o desmontan en casa lo que sembramos en clase. Puedes ver el proyecto con sus materiales y su recorrido aquí, porque creo en enseñar el trabajo, no solo en contarlo:
Proyecto Centro Mindfulness · IES Pérez Comendador
Lo que decidimos medir, y con qué
En el curso 2025-26 dimos el paso de realizar una evaluación interna pre/post: una primera recogida de información en septiembre-octubre de 2025 y otra en mayo de 2026, con las mismas herramientas al principio y al final.
Utilizamos cuestionarios descritos en la literatura especializada y adaptados a los grupos participantes. Su uso en esta experiencia educativa no permite, por sí solo, atribuir causalidad ni convertir la observación en un ensayo controlado.
Los cuestionarios exploran aspectos como la atención al momento presente, el estrés percibido, el trato que una persona se da a sí misma cuando las cosas van mal y el bienestar general. Son instrumentos utilizados en investigación, pero aquí sirven para describir una experiencia concreta, no para demostrar eficacia.
Que quede claro, porque me importa: esto es educación y bienestar, no medicina. El mindfulness no cura, no es un tratamiento médico ni psicológico, y no sustituye a ninguno de los dos. Evaluar la experiencia no la convierte en una consulta sanitaria: nos permite observarla sin asumir resultados.
Lo que vi con mis propios ojos
Aquí prefiero contarte lo que observé en el aula, dejando claro que una observación educativa no demuestra por sí sola que el programa sea la causa de un cambio.
Al principio cuesta. El silencio, para un adolescente, es un territorio hostil. Lo llenan de risas nerviosas, de codazos, de bromas para escapar de esa incomodidad. Y sin embargo, curso a curso, pasó algo que anoté casi con incredulidad:
Observé que parte del alumnado pudo permanecer en silencios más prolongados a medida que avanzaba el curso.
Habitar. No aguantar. Esa es la palabra. Chavales de quince años capaces de sostener un silencio compartido sin necesidad de huir de él. Quien haya pisado un aula de secundaria sabe que eso no es poco.
Por qué te cuento todo esto
Puede que estés leyendo esto con una mezcla de curiosidad y desconfianza. Que hayas probado alguna app de meditación y la hayas abandonado a la semana. Que asocies la palabra mindfulness con algo un poco naíf, de incienso y frases motivadoras. Te entiendo. Yo también desconfío de lo que se afirma sin pruebas, incluso cuando me gustaría que fuera verdad.
Por eso no te voy a prometer resultados. Lo que sí puedo decirte es que trabajo con instrumentos descritos en la literatura especializada y que me tomo la molestia de observar y evaluar lo que hago. En mi experiencia, algunas personas describen cambios en cómo se relacionan con el malestar; no ocurre igual en todos los casos.
Si quieres probarlo tú
Lo que hago con adolescentes y familias en el instituto tiene su versión para adultos en el programa MBSR de ocho semanas, el mismo formato estructurado con el que me formé. No es magia ni es rápido. Son ocho semanas de práctica sostenida, con acompañamiento, para aprender esto de verdad y no de oídas.
Si te ha resonado algo de lo que has leído, puedes conocer el programa completo aquí: el programa MBSR de 8 semanas. Y si aún no quieres comprometerte a nada y solo quieres seguir el rastro de lo que voy descubriendo por el camino, puedes apuntarte a mi carta y te escribo de vez en cuando, sin ruido.
Esta es una observación educativa concreta: no demuestra eficacia ni permite atribuir causalidad.